García Luna nombra en la PGR para más de lo mismo

miércoles, 20 de abril de 2011

De los empleados del primer nivel, nadie ha gozado tanto de la protección del manto presidencial como el secretario de la policía federal, Genaro García Luna. Éste hace y deshace de los órganos de seguridad del gobierno federal sin que a la fecha, tras cerca de cinco años en el abuso de ese inmenso poder, haya demostrado eficacia. El hampa del narcotráfico, con sus tácticas de guerrillas (según les informan de los movimientos y traslados de los soldados a través del territorio) sigue cometiendo homicidios, sobre todo a lo largo de la frontera Norte, mientras irrumpen, sorpresivamente, en algunas otras entidades, al grado de que dominan amplias zonas municipales.

La Organización de las Naciones Unidas ha exhibido al calderonismo como sólo un brazo violento que arrolla por igual a delincuentes y ciudadanos a quienes violan sus mínimos derechos. Y las desapariciones forzadas acusan que existen escuadrones de la muerte, integrados por los propios cuerpos de seguridad, policías y militares, que están ejecutando a mexicanos para muerto el perro, se acabó la rabia. El caso es que el país es una selva, donde la no guerra de Calderón, por la causa que sea, únicamente mantiene activado el avispero y entre los más de 40 mil homicidios (la cifra es oficial, cuando otras estadísticas arrojan casi 100 mil privados de sus vidas, y entre ellos los desaparecidos).

Así las cosas, la Procuraduría General de la República (PGR) se ha convertido en un apéndice de la secretaría de Seguridad Pública Federal, donde García Luna es el mandamás absoluto. Éste ya no vive en su modesta casa que tuvo, sino en una mansión que, puesta al descubierto por las investigaciones periodísticas, en lugar de él haber transparentado el hecho, desató una feroz persecución contra la reportera Anabel Hernández para tratar de censurar, intimidatoriamente, las libertades de prensa; aunado a que Televisa y sus cómplices han suscrito un pacto para silenciar lo que pasa en el terreno de la violencia, con lo que se trata de proteger más a García Luna.

Contra las demandas de separar a la PGR del control presidencial para que sea un órgano con autonomía, es ya un órgano bajo el mando de García Luna y éste ha decidido nombrar, tras el despido de Arturo Chávez, a su incondicional: la subprocuradora Marisela Morales. Los que llevan al extremo las victorias de género aplauden la designación, como si con eso la PGR fuera a cumplir con su cometido y dejar de ser el brazo de las persecuciones presidenciales, sótano de corrupción y donde las denuncias de simples ciudadanos son archivadas. La PGR, en manos de García Luna, es un desatino más de Calderón. El final del sexenio acusa un mayor desastre con la contaminación electoral, el desbordamiento del narcotráfico, la eliminación de mexicanos mediante desapariciones forzadas y el aumento de homicidios de inocentes en la no guerra calderonista con las venganzas de los delincuentes que matan por matar para sembrar el terror colectivo.



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